Yo sola me represento

| Marta Núñez Sarmiento

2012 (1ra edición) Coedición con Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, La Habana, Cuba 978-9962-645-83-2

Este es un libro muy comprometido con la revolución en la que hemos participado las cubanas y los cubanos—ya sean heterosexuales o de otras orientaciones sexuales—en poco más de medio siglo. Así que sugiero que no pierdan su tiempo leyéndolo quienes piensen que los siete ensayos son el resultado de indagaciones “objetivas”.
Mi sensibilidad hacia los temas de la mujer se formó siendo muy joven, cuando trabajé entre 1962 y 1966 en la Dirección Provincial de La Habana de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) e integré su primera Brigada Sanitaria (1961-1966). Durante mi permanencia como experta en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) en Moscú participé en la Conferencia del Decenio sobre la Mujer de las Naciones Unidas (Copenhague, 1980). Cuando regresé a Cuba, la FMC me invitó a integrar la delegación cubana a la Conferencia del Decenio sobre la Mujer de las Naciones Unidas (Nairobi, 1985) y al Congreso Mundial de Mujeres (Moscú, 1987). En estos eventos conocí a las pensadoras feministas latinoamericanas que influyeron en mi manera de visualizar los problemas de la mujer en un país subdesarro-llado como el mío, a los que añadí la complejidad de que Cuba intentaba transformar totalmente la sociedad—y no solo a las mujeres—con un proyecto socialista. Pero para mí lo más relevante ocurrió cuando la FMC me incorporó a su equipo de investigadoras para participar en dos estudios que me marcaron profesionalmente. En el primer caso la antropóloga norteamericana Helen Safa solicitó a esa organización su colaboración para emprender un estudio de las obreras en la textilera Ariguanabo, con el fin de compararlo con los resultados de sus indagaciones entre obreras de la República Dominicana y Puerto Rico. Luego, la entonces presidenta de la FMC, Vilma Espín, nos encargó a las integrantes cubanas de ese equipo que estudiáramos a las trabajadoras de la textilera Celia Sánchez Manduley, de Santiago de Cuba, entre 1986 y 1987 para conocer con precisión cómo había influido su condición de ser mujeres asalariadas de primera generación en sus formas de actuar y de pensar. En este segundo estudio ahondamos, mucho más que en el anterior, sobre las nuevas actitudes de esas obreras y técnicas santiagueras en un real procedimiento de investigación-acción en el que practicamos la observación participante.
En este camino aprendí qué significa “ser mujer cubana y no morir en el empeño”, como diría Luisa Campuzano.

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