1959: Una rebelión contra las oligarquías y los dogmas revolucionarios

| Julio César Guanche

2009 (Ruth Cuadernos de Pensamiento Crítico No. 3) Coedición con Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, La Habana, Cuba 978-9962-645-37-5

La realidad de una revolución nada tiene que ver con el espectáculo de un rayo que cae en cielo sereno. La revolución es el estallido de la acumulación, del vendaval incubado en el subsuelo de la historia. Aunque una revolución se presenta como un concierto donde el pasado y el presente parecen perder densidad bajo la majestad del “futuro”, el legado revolucionario, la tradición construida, es esencial para cualquier voluntad emancipatoria.

En el contexto de 1959, la polémica sobre el carácter de la ideología revolucionaria no era una cuestión teórica: buscaba interpretar el margen de lo aceptable dentro de esa Revolución. Dos años antes de declarar Fidel Castro el carácter socialista de esta, el anticomunismo en Cuba tenía gran fuerza, aunque desde los años 30 diversas ideas del socialismo aparecieran en las formulaciones de casi todos los programas partidistas.

El curso político seguido luego por la Revolución fue determinado por las necesidades de la coyuntura, porque los proyectos previos de revolución fueron suficientemente diversos, en plataformas ideológicas y en los medios que se entendieron necesarios para alcanzar el triunfo, como para hacer imposible una normativa sobre el color ideológico del poder que se constituiría en Cuba una vez alcanzada la victoria revolucionaria.

Reconstruir el mapa ideológico previo a 1959 contribuye a recuperar la genealogía del socialismo cubano, de sus fuentes y de las condiciones en que se fue dibujando su perfil hasta hoy.

En tal horizonte, nuestro dosier pretende contribuir a recolocar al socialismo cubano ante su tradición nacional: parecerá una paradoja, pero todos los ensayos de este volumen dan cuenta de silencios y ausencias.

Esta es otra manera de contar una historia de la Revolución Cubana, que recién celebra el 50 aniversario de su triunfo: una historia de las ideas y las prácticas que la hicieron posible, pero también de las vidas de los seres humanos que vivieron, lucharon y _en muchos casos_ murieron por ella.

Sin embargo, el interés no es solo historiográfico. Recuperar cuerpos de pensamiento, desarrollos que no llegaron a completarse, retomar ladiversidad propia del pensamiento cubano, cumple también funciones hacia el futuro: reconocer cómo las opciones posibles cuentan con tradición, pensadores y experiencias de lucha enraizadas en el país, para así poder vincular esos legados con las necesidades del hoy.

Cuba vivió el siglo XX entre dos extremos: una modernización capitalista que situó sus estándares entre los primeros países de América Latina, y la primera revolución socialista de Occidente.

La Isla había sido la última colonia tradicional y estrenó luego el estatus neocolonial en la modernidad imperialista. Suerte de submetrópoli para Latinoamérica _de la Isla se expandían hacia el continente políticas, creaciones y productos estadounidenses_, sería acusada tras 1959 de exportar revoluciones hacia América Latina en plena Guerra Fría y, de hecho, vivió luego períodos de “hermandad” con la Unión Soviética que la situaron, con no pocas contradicciones, en el regazo del “comunismo internacional”.

Ciertamente, el hecho revolucionario de 1959 encarnó un movimiento de liberación nacional orientado a la justicia social, por lo que sería una de las primeras revoluciones que fusionó el anticolonialismo con el socialismo. En su decurso, la Revolución Cubana consiguió expresar, como diría Darcy Ribeiro, la “viabilidad del Tercer Mundo”, en un escenario en que tras 500 años ningún país latinoamericano consiguió el confuso estatus de “país desarrollado”.

Si es hora de refundar el socialismo, es necesario hacerlo desde la historia vivida, desde las tragedias sufridas y desde las hazañas logradas por la imaginación revolucionaria. Con este Cuaderno, queremos recordar el legado que en la historia latinoamericana, aunque también en la historia contemporánea, ha inscrito el proceso cubano, por haber mostrado la posibilidad de recorrer, en el mundo nacido de la opresión colonial, caminos “civilizatorios” distintos al regido invariablemente por el capitalismo. Con sus hechos, la Revolución Cubana contribuyó de modo decisivo a que la historia del siglo XX fuese mucho menos oprobiosa, pero por igual ha contribuido, en la misma escala, a liberar la historia de lo que podemos vivir en el siglo XXI.

Julio César Guanche*

* Ha coordinado, junto a Fernando Martínez Heredia, Carlos Tablada Pérez, Alexander Correa Iglesias y la Redacción de RUTH. CUADERNOS DE PENSAMIENTO CRÍTICO, el dosier “1959: Una rebelión contra las oligarquías y los dogmas revolucionarios”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>