Lucía y el mundo soñado. La Lucía de Dierckxsens no solo mira las estrellas. Prólogo

| Enid Vian

El crítico francés Marc Soriano, autor de textos que dilucidan la problemática de los libros dedicados a los niños y jóvenes, llama la atención sobre la necesidad de una literatura de calidad – ­ ­especie de “literatura de transición”- que facilite a los más jóvenes “el pasaje entre la literatura (dedicada a ellos) y la literatura a secas”.1

Se refiere a este tópico en más de una ocasión, porque es una vieja disputa no del todo resuelta, entre críticos y especialistas, que se inicia casi siempre con la misma pregunta: ¿Debe existir una literatura para jóvenes o simplemente el joven debe leer cualquier buen texto? Y los desacuerdos son acerca de los jóvenes, porque la necesidad de libros específicamente para niños es un hecho evidente -o más evidente- y aceptado. El problema mayor está en esa frontera entre los 10 y los 13 años más o menos -precisamente la edad en la que se mueve la pro ­tagonista de este relato- en que se producen cambios de intereses que no son radicales. Entonces es que surge la pregun ­ta: ¿En la elección de uno u otro texto para jóvenes, dónde están los límites en cuanto a un posible aprovechamiento y disfrute?

En mi opinión, el límite de la complejidad de la lectura en un joven lo pone las características del joven mismo, sus hábitos creados de lecturas desde la infancia, sus capacidades y sus experiencias vitales y culturales. Por supuesto, una buena parte de la responsabilidad de que ese joven sea un lector sagaz y cada vez más ansioso de conocimientos está en manos de toda la sociedad y sus instituciones, los padres, educadores, etcétera.

En el mundo actual, cada vez más complejo y agresivo -los agredidos en muchos sentidos somos los países del Sur, y en general los de poco desarrollo- resulta más que necesario, poner a los niños y jóvenes en contacto con la realidad -a veces una realidad nada edulcorada-, crearles hábitos de lectura y de reflexión e insuflarles el deseo del conocimiento a fondo de lo que le rodea, sin que se pierda en ellos -sino más bien para que aumente- su capacidad de soñar y extraer la poesía de cada instante. Y he aquí que aparece la Lucía de Dierckxsens, siguiendo a la Utopía, tras un mundo soñado, pero absolutamente posible y real.

¿Cómo accederá Lucía, la joven Lucía, a vislumbrar ese mundo? Recorre -de la mano del autor- las latitudes y los estadios del desarrollo humano, desde las sociedades primitivas -pasando por Grecia y Roma- hasta las sociedades capitalistas actuales. No quedan en el olvido -como es usual en la mayoría de los autores europeos- el papel de los países latinoamericanos que han decidido cambiar sus modelos económicos en provecho de los más vulnerables.

Economista y profundo conocedor de la historia, Wim Dierckxsens es un convencido del papel rotundo de la economía en el desarrollo social, y es ese conocimiento “al dedillo” de estas disciplinas, lo que le permite “jugar” con los conceptos, las categorías y los hechos, que van conduciendo a la protagonista al umbral del futuro.

Pero no es una descripción meramente histórica lo que le entrega el autor a sus lectores. Tiene Dierckxsens una imaginación muy singular, de gran lirismo y belleza, que pone de relieve su sensibilidad poética:

“Lucía -dice- estaba sentada en la terraza de la vieja casona de su abuelo materno, cerca del mar. Su bisabuela deambulaba por la casa creyendo hallarse en otro sitio y en otro tiempo (…) De lejos, el agua parecía un espejo y los barcos semejaban pelícanos flotando”.

En este entorno, están inmersos personajes como la bisabuela de 100 años y la mamá y el papá de Lucía. Figuras que se mueven alrededor de la protagonista y a las cuales ella alude como importantes apoyos en su educación y adquisición de nuevas experiencias. El centro de todo es Lucía, joven preguntona e inquieta, sensible y pensante. El autor la enfrenta a la lectura de un libro que describe lo que ella busca. La joven -capaz de contemplar un árbol o las estrellas con la fascinación que merecen- se pregunta: “¿Cómo llegamos al presente? ¿Las cosas siempre fueron así?”

En las respuestas a estas interrogantes hay no solo la descripción de un pasado, sino también una crítica a las actitudes humanas, a la irresponsabilidad frente a la naturaleza, a la codicia y a la falta de solidaridad; así como una llamada de atención ante la pérdida del Bien Común que hoy se sustituye por una competencia despiadada.

Dierckxsens explota el insaciable deseo de saber de su personaje, para que ella misma vaya desentrañando todo lo que le inquieta del paso del hombre por la Tierra. Hay un ejercicio de comparación entre las diferentes épocas, una crítica explícita, una evaluación de las cualidades humanas y sociales perdidas, y hay también -en la forma en que la joven se enfrenta al conocimiento- un método de aprendizaje que el autor regala a los jóvenes. Leer, volver a leer, analizar, preguntar a los que saben si no se entiende bien una cosa. Hábitos que pueden usar los jóvenes lectores para interpretar y leer, precisamente, este título que tienen en las manos.

Para hacer atractivo el texto, el autor apela a la sencillez, a la lógica, a la bondad, al amor a la verdad, a la inteligencia, al humor. Parte de un entorno familiar común a la mayoría de los jóvenes, donde desempeña un papel el adulto como guía y modelo.

El autor favorece los descubrimientos, las sorpresas, la creciente toma de conciencia de Lucía adoptando los recursos de esa “literatura de transición” de que hablara Soriano, literatura de calidad, sin concesiones.

Lo logra por su extraordinaria capacidad para presentar los conceptos más áridos -aparentemente intratables para los jóvenes- en una doble vertiente. Por una parte, describe el fenómeno sin hacer simplificaciones mutilantes, y por otra, lo resume en una frase sencilla, en una metáfora, en un símil.

Las respuestas a aquellas interrogantes de Lucía están ahí, solo hay que mirar hacia atrás, hacia la historia, para poder comprender mejor el presente y divisar el futuro.

El viaje -que no es por casualidad a través de un libro- tampoco es en modo alguno pasivo, es activo porque es movilizador.

Lucía ya sabe cómo se puede llegar a un mundo más racional, a un mundo donde haya verdadera libertad y equidad para todos. La Utopía es alcanzable por la misma lógica del proceso histórico y porque, de hecho, la construcción de un mundo nuevo es inevitable para la supervivencia humana.

La joven, valiente, estudiosa, veraz e inquieta está más dispuesta que nadie a alcanzar la Utopía, está más dispuesta que el abuelo, la abuela o los padres, porque, como ella misma dice “los adultos siempre andan tan alborotados en sus ocupaciones, que no les alcanza el tiempo para compartir su mundo con otros. Menos tiempo aún tienen para soñar con otro mundo mejor”.

________________

1 Marx Soriano: La literatura para niños y jóvenes, Editorial Colihue, Buenos Aires, 1955.

2 pensamientos en “Lucía y el mundo soñado. La Lucía de Dierckxsens no solo mira las estrellas. Prólogo

Responder a admin Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>